Cuarta estación: CRISTO JESÚS ENCUENTRA A SU MADRE
Pitágoras llamó "sagrado" al número Cuatro, porque significa el alma. De ahí
el inspirado cántico: "El Cuatro del Uno y el Siete del Cuatro".
La Kábala establece que la primera celebración es la de la Gran Madre. La
Madre representa el Divino Femenino o facultad creadora de imágenes, y el principio
amoroso del espíritu del hombre. Como es a la realización del Divino Femenino y al
consecuente desarrollo de los poderes espirituales, a lo que el discípulo aspira, en las
primeras etapas de su búsqueda, encuentra a la Madre, el "perfecto modelo de
realización".
Quinta estación: SIMÓN CIRENEO AYUDA A CRISTO JESÚS
A LLEVAR LA CRUZ
En los primeros estadios del proceso iniciático, el trabajo a desarrollar se
refiere, alternativamente, a los polos masculino y femenino del espíritu. En el Libro
del Misterio desvelado se afirma que el Padre y la Madre contienen todas las cosas y
que todas las cosas los contienen a ellos y que, cuando los pecados se multiplican en
el mundo y el santuario queda polucionado, el macho y la hembra se separan. Esta
separación representa el actual imperfecto y desequilibrado estado del desarrollo
humano. Por ello, el primer trabajo del Sendero de Iniciación consiste en restaurar el
equilibrio perdido.
Cinco, por tanto, es el número del cambio o la transición. Es el número del
bien en formación. Se le ha llamado el "número dual" porque representa a las
naturalezas superior e inferior en su lucha por la supremacía. Aquí el Sendero se
estrecha y la cruz se agranda.
Sexta estación: VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE CRISTO JESÚS
El Cantar de los Cantares de Salomón es una exaltación del Divino Femenino.
En ninguna otra obra escrita aparece más vívidamente descrito el éxtasis puro del
alma de Uno Iluminado: "Mi amada es mía y yo soy suyo". Este inspirado canto,
pues, describe la unión de los dos polos, masculino y femenino, del espíritu.
En el Cinco tiene lugar la lucha entre lo humano y lo divino. En el Seis, las
fuerzas de la construcción creativa trabajan para el establecimiento de una armoniosa
interrelación. Seis es amor humano dedicado a Venus. Mediante el sufrimiento
engendrado por el amor humano, el alma resucita o renace. El número Seis anuncia
preparación mediante purificación. Bajo sus poderes, nace la iluminada visión de la
clarividencia.
Séptima estación: CRISTO JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
El ascenso a la Sexta Estación llega sólo mediante la Purificación. En la
Séptima, el futuro progreso depende de la fortaleza de voluntad y la firmeza del
propósito.
Siete es el lugar del sábado o descanso, no del cese de actividad. Es donde el
discípulo se eleva, de un orden inferior a otro superior, y prosigue hacia la victoria
espiritual y el adeptado. En este punto se sintetizan las experiencias de la vida y sus
esencias se convierten en poderes útiles del alma. Desde este punto, el progreso
futuro, aunque difícil, es continuo e ininterrumpido.
Octava estación: LAS HIJAS DE JERUSALÉN LLORAN POR CRISTO JESÚS
La separación entre los principios masculino y femenino es la causa de todo el
dolor, la tristeza y la muerte existentes en el mundo. Esa separación llevó consigo la
sumisión del femenino y es por eso por lo que lloraban las hijas de Jerusalén. El
Maestro Supremo y Sus obras mostraron los perfectos poderes de los dos polos en
equilibrio. La cruz que transportó y el Sendero que siguió hasta el Calvario
simbolizan el medio para la restauración de toda la Humanidad. "Yo soy el Camino,
la Verdad y la Vida" es un cántico de un profundo significado místico. El lamento de
las hijas de Jerusalén (el despertar del alma) surge del hecho de que el hombre no se
ha aproximado más a ese ideal crístico.
Novena estación: CRISTO JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
La Tercera Caída está relacionada con los poderes de la mente no iluminada.
San Pablo se refiere a ellos como "poderes de las tinieblas". Si la cualidad anímica
femenina no hubiera sido sometida por las fuerzas puramente mentales, la mente del
hombre no iluminado no hubiera jamás adquirido los desproporcionados poderes que
hoy posee. La mente es el Sendero y su "cristización" es el trabajo más importante de
toda la evolución humana.
El número Nueve representa la escala evolutiva que va del hombre a Dios; por
eso ha sido denominado el número del hombre y el número de la Iniciación o de la
"cristización" del hombre.
Desde la hora sexta hasta la hora nona, la tierra se oscureció, mientras el
Maestro, unido a Su cruz, se convertía en el Supremo Indicador del Camino para
toda la Humanidad, demostrando un perfecto equilibrio espiritual. El Nueve supone
el comienzo de esa unión de poderes, y la mente, como se ha dicho, es el camino del
logro. "Que Cristo se forme en ti", es el primer mandamiento cristiano