Luis Rodrigo
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—Aníbal Fernández calificó a Alberto Nisman como “un turro”, “un sinvergüenza”. ¿Cómo abordar declaraciones oficiales de este tenor cuando lo que se necesita es reflexionar?
—Aníbal Fernández es Aníbal Fernández. Todos conocemos su manera de encarar las cosas, de hablar y de exponerlas. Lo que sí digo, y por mi cuenta, es que en el país se ha construido un héroe. A quienes así lo creen les pregunto: ¿por qué Alberto Nisman un héroe? ¿Por lo que hizo en la investigación del atentado a la Amia?... Entonces serían muchos los fiscales heroicos, por hacer su trabajo: investigar. Y la que llevó adelante Nisman es un poquitito más profunda que la del destituido juez Galeano. Es cierto, avanzó un poco más... Pero eso no lo transforma en héroe.
¿Es héroe porque hizo la denuncia que hizo? Si es así, tiene pies de barro. Es una denuncia que nos causó mucha vergüenza, mucho dolor, mucha preocupación, mucha indignación por radicar una denuncia política y no jurídica.
—¿Por qué vergüenza?
—Es que Nisman nos puso en una situación muy violenta (a los familiares de víctimas), porque nos sentimos defraudados, engañados, usados, por no habernos dicho lo que él sabía. Y porque no tuvo la valentía de hacerlo. Él permitió que nosotros, en el caso de que su denuncia (de encubrimiento por parte de la presidente) estuviera fundada en hechos ciertos y verdaderos, apoyáramos el memorándum (con Irán) a destajo.
Si alguien sabía de nuestro apoyo a su investigación, ése era Alberto Nisman. Si se pide el entrecruzamiento de llamadas yo debo tener, con Alberto, no menos de 100 ó 150 a raíz del memorándum. Si él sabía que ese acuerdo con Irán era lo que él sostiene en la denuncia, debió decírnoslo. No hacerlo habla muy mal de él como persona. Confiamos en él, pero no recibimos el mismo trato. Y tardamos 10 años en darnos cuenta.
—¿Cuándo, exactamente?
—Cuando supimos de su posición crítica sobre el memorándum estalló una relación que ya era conflictiva. Que había comenzado, como cualquier relación de un fiscal y un querellante, con confianza, con esperanzas. A medida que fue pasando el tiempo todo esto fue cambiando... Había muchas preguntas sin respuestas, o sin respuestas coherentes.
—¿Por ejemplo...?
—La última reunión que mantuvimos con él le dijimos que no queríamos irnos de la misma manera “llenos de sanata”. Le pedimos algo “en concreto”, qué pista había o algún elemento cierto. No podemos tras 20 años seguir esperanzados en una falsa pista y que luego un año y medio después, se te caigan... es como que te querés mantener en tu puesto generando falsas expectativas. Así ya llevamos años.
La respuesta de él (Nisman) fue “a tal punto hay novedades, que estoy en condiciones de decirles que la Side tiene información de las escuchas entre una persona y Moshen Rabbani”. Cuando lo escuchamos dijimos: ¡por fin!, esto abre la esperanza de pruebas concretas y transformar los indicios que entrega la Side en algo concreto y lo que por fin parecía que iba a hacerse era lo que reclama el juez de la causa Canicoba Corral: “Transfórmeme en prueba concreta estos indicios”.
Yo hoy no puedo dar el nombre de esa persona, porque probablemente es aún un secreto, pero sí menciono a Rabbani porque a ir a juicio por el pago de los 400 mil dólares-pesos y está en esa escucha de la que nos habló Nisman.
El fiscal nos dijo “esto está”, y cuando le preguntamos cuándo se iba a presentar (nosotros estábamos con nuestro abogado, éramos como 8 personas) nos pidió esperar. “La Side está esperando el momento político oportuno para hacerlo público”, nos dijo. Cuando escuché eso pensé: estamos en un grave problema, porque si el fiscal acepta que la Side maneje políticamente una información clave para la causa... bueno, es el momento de sacarlo de la causa.
—¿Cuándo fue eso?
—Hace un año y tres meses. Consta en la causa porque nosotros presentamos un escrito... Porque dejamos pasar un mes, no pasó nada, un mes y medio, y nada... Lo asentamos en la causa. Lo que nos dijo Nisman nunca fue aportado. Ése fue el comienzo, prácticamente, para nosotros del final de nuestras expectativas sobre la labor del fiscal.
Después, a los 5 minutos de haber escuchado su denuncia (la acusación de encubrimiento a la presidenta, contra el Memorándum), todos salimos a decir lo mismo. Y fue sin hablarnos antes, ni con los integrantes de mi agrupación ni con los de otras, como Memoria Activa, dijimos -con matices- lo mismo: que era una vergüenza lo que estaba pasando.
—En esta decepción con la labor de Nisman, con lo poquito dice Ud. que se ha avanzado... ¿no hay ninguna responsabilidad del gobierno nacional?
—Siempre que se trata de mezclar la política con la Justicia, me pregunto a qué se debe esto... Y se debe a que en este país hay una palabra, que es realmente terrible, y que el pueblo se ha acostumbrado a escucharla tanto que la toma como parte de si mismo, que es la palabra impunidad.
Aquí, la responsable es la impunidad, la impunidad con la que la Justicia se pudo manejar como quiso y hacer lo que hizo, o no hacer lo que no hizo. Dejarnos con las manos vacías de justicia.
Hubo una sociedad perfecta entre el gobierno de por entonces (cuando se cometió el atentado terrorista) con los que estaban encargados de investigar: juez, fiscales, servicio de inteligencia, policías, presidente de la Nación (Menem).
Hoy, uno habla de la denuncia y habla de la muerte de Nisman y automáticamente uno tiene que decir que aquí va a ir juicio oral y público un presidente de la Nación (Menem). Realmente me da vergüenza tener que hablar de esto con todos los medios extranjeros que vienen otra vez a la Argentina, ahora por Nisman. Y cómo no me va a dar vergüenza... El presidente que representaba a todos los argentinos va a juicio por encubrir el atentado a la Amia.
Él (Menem) dio la orden para que la Justicia y todos aquellos que debían investigar dejaran de hacerlo, que miraran para otro lado. Había una pista concreta que era la pista de Alberto Kanoore Edul, una persona que había hablado con Carlos Telleldín el día de la entrega de la camioneta, que tenía en su agenda el teléfono de Mosher Rabbani y que en la puerta de la Amia se había colocado un container, por la empresa Santa Rita, que también estaba muy cercano ese día a una de sus propiedades... ¿por qué se dejó de investigar? Eso lo ordenó un presidente. ¿En qué país vivimos? No les importaron los 85 muertos... ¿Nadie se reveló ante esa orden? Eso es impunidad. Cuando aquel poder político cuando actuó, lo hizo para esconder. Y por eso hoy estamos como estamos.
—¿Y ahora, con el actual gobierno?
—Mire, si viene el Poder Ejecutivo y me dice que me va a firmar un decreto que dirá que al atentado lo cometió tal o cual... no me sirve, y tampoco me sirve una ley del Congreso que diga lo mismo. Lo único que nos sirve, la única respuesta que estamos esperando es la de la Justicia. Tiene que investigar y juzgar; que condenar o absolver.
—¿Ud. cree que Nisman condujo la investigación sobre Amia en forma totalmente independiente del Ejecutivo?
—Y... yo no tengo una manera de poder aseverarlo.
—Si fue tan influyente la Side sobre la investigación de Nisman -al punto de especular con los tiempos políticos para sustanciar pruebas- y como ésta depende del Ejecutivo... ¿no hay responsabilidades del gobierno?
—Es cierto: el Servicio de Inteligencia responde en forma directa a la presidencia de la Nación, sin ninguna duda. Ahora, ¿quién tiene que valorar y quién tiene que establecer cuándo es o no importante la información que da la Side? Es la fiscalía nacional, la encargada de la investigación (Nisman).
El gobierno nacional lo que hizo fue defender su investigación. Y ésa era la gran discusión que yo tenía con Alberto Nisman, porque yo le decía: no existe nadie que haya defendido más tu investigación que este gobierno, y él así finalmente también lo dejó por escrito. Él nunca pudo rebatir esto. Pero él sostenía que se hizo el Memorándum porque no se apoyaba su investigación, y eso es una fantasía. Los hechos indican que el gobierno apoyó su investigación: eso es lo que está escrito y firmado.
—Haber hecho aprobar el Memorándum con Irán, ¿no fue una ingenuidad? ¿Ud cree que había alguna chance de que Irán permitiera ver qué pasó?
—Sí, claro... tal como se nos podría acusar a nosotros de ingenuos, porque seguimos pidiendo Justicia. Sí, somos ingenuos. Lo somos cuando peleamos con la ilusión de que vamos a llegar a saber la verdad. Sí, somos ingenuos. Pero necesitamos saber la verdad y en esa necesidad, a lo mejor uno actúa ingenuamente. Es así, uno no se quiere morir sin saber. Apelamos a todo lo que esté a mano dentro del marco legal, y esta vez cuando se planteó esta herramienta política la apoyamos, porque necesitamos saber la verdad.
Claro que yo no voy a aceptar viajar a Irán, ¿por qué tenemos que viajar a Irán? Pero luego uno reflexiona y ve que de esta forma algo se podría lograr... Y entonces acepta, está bien: viajemos a Irán. El juez estaba dispuesto a hacerlo. ¿Fuimos ingenuos? Y... yo prefiero pecar de ingenuo y no de encubridor.
Impasse en la investigación
La causa por la muerte de Alberto Nisman ingresaría, en lo referente a la pesquisa en sí, en un compás de espera hasta el próximo 30 de marzo, cuando comience a deliberar la junta médica que deberá dirimir las diferencias entre los peritos oficiales, de la querella y de la defensa y, sobre todo, fijar la hora del deceso del titular de la UFI-Amia.
Según está previsto, la junta médica empezará a trabajar ese día para elevar a la fiscal Viviana Fein un informe que le permita resolver los puntos oscuros que se abrieron en la causa.
Por lo pronto, en esa pericia no estará Enrique Prueger, el criminalista que había sido designado como “perito oficial” para investigar la muerte del fiscal Nisman, que el viernes pasado fue apartado por orden de la jueza Fabiana Palmaghini a raíz de un pedido de la querella y que ayer insistió con la hipótesis de suicidio.
La querella a cargo de la jueza Sandra Arroyo Salgado, madre de las dos hijas de Nisman, sostuvo sin embargo que el fiscal de la causa Amia fue víctima de un “magnicidio” y dio cuenta de la investigación que llevaron adelante sus peritos en base a las fotografías de la escena del hecho y el informe de la autopsia.
La defensa de Diego Lagomarsino, el técnico informático que trabajaba para la UFI-Amia y le prestó el arma a Nisman, también cree que el fiscal pudo haber sido asesinado pero rechazó de modo tajante que su cliente pueda ser un sospechoso.
Los peritos de Arroyo Salgado fijaron la hora de la muerte de Nisman en la tarde del sábado 17 de enero, el mismo lapso donde Lagomarsino estuvo en el departamento entregando el arma que su jefe le había solicitado para defenderse por si lo insultaba un “loquito” en la calle cuando estuviera con sus hijas. Pero los peritos oficiales de la Corte Suprema de Justicia establecieron que la hora de la muerte de Nisman fue entre las 14 y las 15 del 18 de enero.
El cadáver de Nisman fue hallado en la noche de ese domingo 18, después de una larga demora de los custodios para reportar la ausencia de respuestas del fiscal y localizar a la madre del funcionario para que ingresara a la vivienda de Puerto Madero.
Cómo sigue la causa sobre encubrimiento
La Cámara Federal pretende resolver cuanto antes el futuro de la causa iniciada por la denuncia que presentó el fiscal Alberto Nisman cuatro días antes de aparecer en su departamento con un tiro en la cabeza.
Los jueces de la Sala I del tribunal se propusieron darle una definición al asunto cuanto antes, pues están en juego cuestiones de gravedad institucional, dado que los denunciados son la presidente Cristina Kirchner, el canciller Héctor Timerman y el diputado camporista Andrés Larroque, entre otros señalados por Nisman. El fiscal los acusó de complotarse para armar un plan que libraría a ex altos funcionarios iraníes de las acusaciones que pesan en su contra como autores e ideólogos del atentado.
En primera instancia, tras la muerte de Nisman, el fiscal Gerardo Pollicita impulsó el caso y pidió realizar medio centenar de medidas de prueba para avanzar y establecer si la denuncia es verosímil. Pero el juez Daniel Rafecas, tras estudiar el expediente una semana, entendió que no había evidencias para sostener la denuncia. Y dos días antes de que la presidente Cristina Kirchner inaugurara ante la Asamblea Legislativa el período ordinario de sesiones en el Congreso, desestimó la denuncia.
El fallo le dio oxígeno al gobierno, pero Pollicita apeló el desistimiento para que la Cámara Federal revise el fallo de Rafecas. Quien debía defender la denuncia de Nisman ante ese tribunal es Germán Moldes, el fiscal ante la Cámara Federal.
El gobierno, a través de la defensa del diputado Larroque, intentó apartarlo del caso, pero la Sala I de la Cámara, con el voto unánime de los tres jueces Eduardo Freiler, Eduardo Farah y Jorge Ballestero entendió que no había motivos. Con el fiscal confirmado, el proceso siguió su trámite y el jueves pasado las partes argumentaron ante la Cámara Federal en favor y en contra de la sobrevida de la denuncia de Nisman. Ahora, la Cámara debe decidir.