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General: MILAGROS SALA ES UN SÍMBOLO DE HEROISMO
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De: Ruben1919 (Missatge original) |
Enviat: 22/03/2017 13:25 |
Tres veces nos preparamos –mi mujer y yo– para visitar a alguien que, injustamente, había perdido su libertad. Por diferentes razones, el deseo se cumplió con una demora considerable: el sábado posterior al carnaval jujeño. Visitamos a una persona a quien su provincia le había negado –contra toda opinión razonable y bajo el único fundamento del poder que en ese Estado y en nuestro Estado nacional desarrollan jueces y políticos– festejar los carnavales con libertad, famosos en nuestro país como fiesta provincial. No fuimos solos. Nos acompañó una pareja de amigos que concertó la visita y nos condujo hasta la cárcel de Alto Comedero un legislador provincial con vínculos con la organización barrial Tupac Amaru. Tampoco fuimos sin instruirnos previamente. A más de las lecturas correspondientes, cuya carpeta se ha robustecido considerablemente con el tiempo, el viernes visitamos las instalaciones centrales de la organización barrial en el centro de la ciudad de San Salvador de Jujuy, dotadas de lugares de esparcimiento deportivo, servicios de salud y consultorios médicos y dependencias administrativas, y, en especial, el establecimiento educativo con tres niveles de enseñanza, primaria, secundaria y terciaria. Según se pudo ver en nuestro rápido recorrido, todas esas instalaciones, salvo la escuela y el colegio, adolecían de un estado de semiabandono por carencia de presupuesto, consecuencia del encarcelamiento de quienes forjaron la idea de una vida mejor para el pueblo originario de la provincia, comprendidos allí aquellos sumergidos o excluidos por ser pobres, sin recursos, indefensos socialmente. Un jovencito, que mantiene su hogar conduciendo un automóvil de alquiler, fiel a su nacimiento como adulto dentro de la misma organización, fiel como pocos a su líder, Milagro Sala, y a los principios desarrollados por la organización barrial, apodado Diablo o Diablito, fue nuestro cicerone para mostrarnos el desarrollo de la organización barrial en Alto Comedero, con centro en el parque que ella misma creó en tierras fiscales, que apenas si regaba un arroyo, hoy entubado. Un templo, a semejanza del que constituye la estirpe aymara en Tiwanaku, Bolivia, el Kalasasaya, domina un parque inmenso, levantado en esos terrenos, y los llamados “piletones”, piscinas que me recordaron imágenes de mi juventud en el Parque Sarmiento de la ciudad de Córdoba, donde existían también, para quienes no podían pagar la piscina de un club o aprovechar la propia de su casa, grandes piletas de agua dulce que alguna vez sirvieron para entrenarnos en natación y waterpolo en un club de barrio que presidió mi padre y duró escaso tiempo. Toda esa obra monumental, que supo brillar mientras duró sin persecuciones la organización barrial Tupac Amaru, evitó el riesgo de vida e infecciones de niños y jóvenes al refrescarse y bañarse en las aguas de los ríos Grande y Chico –que atraviesan San Salvador con su contaminación y carga de animales muertos y en estado de descomposición–, y significó el solaz de padres y ancianos, y hasta fue lugar ceremonial. Hoy el lugar está prácticamente abandonado, deteriorándose por proscripción de sus cultores y falta de presupuesto. Observado el panorama desde el templo, también abandonado como todo vestigio de las culturas originarias de esta tierra, con más sus hombres y mujeres “no blancos” –por definirlos de algún modo–, todos sufren la pérdida no sólo de sus posesiones sino, antes bien, de todo aquello que representaba su dignidad de vida en la actualidad. El “hombre blanco” ha regresado a practicar su profecía, su masacre del pueblo indígena, condenándolo a la pobreza y a la indigencia, aun sin ejecución formal de una pena. La escuela de Alto Comedero, edificada y organizada por la organización barrial al lado de ese parque gigante, separada de él por unos cien metros aproximadamente, también monumental, parece conservarse, dado que el gobierno provincial, según hemos sabido recientemente, la titula y reivindica como propia al estar asentada en terrenos fiscales. A los costados de ese parque y prolongándolo florecen las casitas edificadas por cooperativas vecinales de la Tupac Amaru, que se distinguen por su tanque de agua, casi todos con la imagen de Tupac Amaru, algunos con las efigies de Eva Perón o del Che Guevara. Restan sólo por describir las cuatro fábricas situadas en el mismo barrio de Alto Comedero, que producían bloques, adoquines y caños de hormigón para la construcción (la “bloquera”), la fábrica de muebles con la finalidad de auxiliar a quienes ocupaban las casas construidas, la de ropa de trabajo, de vestir y deportiva, uniformes escolares, cortinas y ponchos para la organización y sus integrantes e, incluso, para el comercio (la “textil”, en la cual –exageración quizás de la equiparación de género– trabajaban tantas mujeres como varones, según nos dijeron) y el “Taller metalúrgico”, que producía aberturas para la construcción (puertas, marcos, rejas, parrillas, juegos de jardín, piletas de cocina y baño, etc.). Todas estas fábricas, sus equipos y obreros organizados por la misma cooperativa barrial, que proveían diversos útiles a la comunidad y cubrían necesidades de ella, están prácticamente abandonadas; sólo algunas personas, individualmente, aprovechan de ellas y sus equipos, sobre todo de la “textil”, para confeccionar alguna ropa para vender.
Qué puedo decir como conclusión: ¡da lástima, hasta las lágrimas, que un esfuerzo así, quizás con errores pero nacido por amor a un pueblo expropiado, sometido a su suerte a través de tiempos inmemoriales, sea condenado, de nuevo, a vivir indignamente, como pidiendo perdón por su origen y por su fragilidad, carnadura de desventuras y dificultades, impuestas por su vulnerabilidad frente al poder político y económico, que sólo un pobre, un indigente, puede explicar de modo perfecto! No sé si estoy de acuerdo con todo lo que se hizo, en especial con el programa de educación –cualquiera de sus inclinaciones me genera dudas–, pero no podría desconocer, como otros habitantes del mismo suelo desconocen, que el emprendimiento en su conjunto es una muestra titánica de aquello que puede la voluntad y la solidaridad humanas.
- Por fin, nos encaminamos hacia la cárcel. Nos esperaban a las 2 de la tarde y teníamos permiso de visita hasta las 4, pues a esa hora ingresaba otra tanda de visitas. Esperaba algo peor, por mi experiencia como juez penal, pero debo reconocer que, con mi señora, aun sin experiencia alguna en estos menesteres, fuimos sorprendidos por el lugar y el trato. No se trata de las viejas cárceles de mujeres encomendadas a religiosas, inhóspitas y con señales de encierro total, ni el personal de custodia nos observó como enemigos, al menos potenciales. Luego me informaron que las listas de visitantes, inscriptos con anterioridad, eran analizadas por autoridades máximas del poder político y el personal de guardiacárceles instruido acerca del trato a dar a ciertos visitantes o en su presencia. Pasamos rápidamente la inspección de rutina que no mostró ninguna de las indignidades que suelen acompañar estas labores. Luego supe por testimonios, que todas las personas no eran tratadas de esa manera, tampoco los familiares y amigos y menos aún los visitantes locales o de ascendencia indígena. Los pabellones comenzaban un kilómetro más allá del ingreso. Hasta llegar a ellos nuestros problemas de edad tornaron dificultoso el camino. Incluso yo provoqué, sin advertirlo previamente, el único altercado involuntario: por dolor en una pierna, derivado de la caminata, me senté en una piedra grande, junto a un carcelero varón y armado, de guardia, que amenazó con reaccionar y fue rápidamente convencido por nuestros acompañantes acerca del error y de su motivo. Al final del camino, a la derecha, en uno de los primeros pabellones, nos esperaba Milagro. Ingresamos al área del pabellón -aquí sí se notó que se trataba de una prisión-, pero no a sus dependencias, pues Milagro se hallaba almorzando en un amplio lugar que fungía como patio-jardín conjunto, en compañía de múltiples familiares y amigos que conformaban la mesa más grande del lugar. Recuerdo que ella se levantó de su sitio en la mesa y vino hacia mí; mi vista comenzó a nublarse y nos abrazamos, instante en el cual, ya con lágrimas en mis ojos, le rogué que no me hiciera llorar, emoción que advirtieron mis acompañantes. Por ello, el abrazo duró cierto tiempo, luego del cual reaccioné y pude presentarle a mi esposa. Fuimos invitados a sentarnos en la rueda de la mesa, incluso a comer, con el plato principal de la humita. En la mesa se ubicaba el señor Raúl Noro, esposo de Milagro y cercano a mi edad, con el cual emprendí una conversación muy interesante. Nuestra impresión sobre Milagro, sólo conocida por nosotros gracias a fotografías, también fue una sorpresa: delgada, como haciendo honor al seudónimo con el que todos la tratan, “la flaca”, pero sin parecer demacrada por su situación de prisionera; mucho más joven y bella de lo esperado; un hermoso tipo de mujer indígena, como varios de nuestros amigos jujeños, con su piel tersa y conservada, sin nuestras arrugas. Las fotografías que la muestran en Buenos Aires no le hacen ningún honor, francamente. Sin tratarse de la opinión de un especialista, yo no hallé en la visita rastro alguno de deterioro de carácter o emocional, como parece ser de dominio público. Yo sólo atiné a decirle, como principal sentencia, extendida a una compañera de la organización barrial que conocí allí, que no desespere, que su papel social le había ganado esta persecución gratuita, situación que, según mi apreciación, pronto terminaría, pues el gobierno nacional no podría prolongar un apoyo insostenible a su persecutor provincial. Ella, vivaz, inteligente, me contestó que el “tiempo” trascurre de diversa manera para ella que para mí. Le dije que mi próxima visita trascurriría en su domicilio en la ciudad, invitado por ella. Así nos despedimos.
- El servicio penitenciario de la Provincia de Jujuy se despachó con una atención: nos condujo en un automóvil al lugar donde nos devolvieron nuestros documentos y luego hasta el portón de entrada y salida. La advertencia del comienzo era evidente. Pude comprobar a nuestra salida que gran cantidad de visitantes, incluso políticos y ex funcionarios nacionales, esperaban para visitar a Milagro. Mientras ello ocurría y yo saludaba cortesmente a algún conocido, mi cerebro, a manera de un disco rígido de una computadora, repensaba a toda velocidad mis conclusiones: creo haber conocido tardíamente y en un lugar fuera de contexto, de toda explicación racional, a una mujer, líder local, de una provincia argentina muy particular, Jujuy, transformada poco a poco en figura nacional que, gracias al odio de políticos inescrupulosos y a la estupidez política de burócratas inhábiles para pensar, se transforma otra vez y velozmente en una figura política trasnacional –como alguien anticipó–, símbolo universal para el heroísmo y la discriminación, pagando por ello un precio excesivo. Si viviera, Mercedes Sosa la hubiera cantado en Mujeres argentinas. Lo merece.
* Profesor Emérito UBA.
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La Cámara de Casación analiza el juicio en el que fue condenada la dirigente social Milagro Sala
Las mentiras del testigo estrella de Morales
Las defensas y la querella expusieron sus argumentos. Parte del debate giró sobre la poca credibilidad del principal acusador.
Milagro Sala estuvo presente en la audiencia a través de las imágenes que levantaron sus compañeros.
Imagen: Rafael Yohai
Los tres jueces de la Sala IV de Cámara de Casación no dejaron de mirarla. En la sala no estaba Milagro Sala, pero apareció en cada imagen levantada por los que llenaron el auditorio AMIA de Comodoro Py. Y en el nombre que una y otra vez pronunció su abogada, Elizabeth Gómez Alcorta, en esta audiencia pública con presencia de cámaras de televisión, la primera realizada afuera del territorio de Jujuy, luego de la primera condena a Milagro por un escrache con huevos a Gerarado Morales en 2009. La dirigente indígena fue condenada a tres años de prisión en suspenso por instigar daños en una protesta. Pero ella no organizó ni participó en esa protesta. Cuando llegaba al final de su intervención, antes de pedir que se revoque la sentencia, Gómez Alcorta recordó frente a los jueces el fallo del Tribunal Oral Federal 1 de Jujuy, habló de lo que significa esta condena para los dirigentes de las organizaciones políticas y sociales y pronunció la palabra fascista.
“La sola idea de responsabilizar a un dirigente social y político por las acciones de quienes integran las mismas organizaciones, implica arrasar con la culpabilidad del acto”, dijo. “El argumento de que hay mayor reproche en un dirigente social o político por las acciones realizadas por los miembros de una organización es un argumento fascista, inaceptable a 34 años de democracia. Y este es el modo en que se ha justificado el agravante contra Milagro Sala, en lugar de ser tomado como correspondía, como atenuante. Uno podría decir que fue una protesta social y que hubo excesos. O excedió los límites de la tolerancia democrática. Hubo un contexto de protesta, sin embargo esta sentencia tiene un ADN que lo podemos encontrar en los dos párrafos”, en los que el TOF decidió superar la mitad de la escala penal prevista “en virtud de su encumbrada participación en movimientos sociales porque tiene mayor participación en las acciones de sus adláteres y seguidores”. Dijeron que la pena era porque ella y Graciela Lopez “son cabeza de movimientos sociales y no tenían ninguna necesidad de realizar acciones violentas”. Y cargaron contra Milagro al considerarla “referente social de mas alto nivel siendo la referente mas notoria de la red de organizaciones sociales”.
Los nombres de los jueces que flotaron en el auditorio durante las más de cuatro horas de audiencia fueron los de los tres autores del fallo del 28 de diciembre de 2016: Mario Juárez Almaraz, María Alejandra Cataldi y Santiago Díaz. Con Milagro, condenaron a Graciela López y Ramón Gustavo Salvatierra por daños agravados en la protesta realizada en octubre de 2009 en el Consejo de Profesionales de Ciencias Económicas de Jujuy donde iba Morales a encabezar una disertación sobre control y auditorías del Estado. Milagro fue condenada como instigadora –aunque no participó– con una sola prueba de cargo sobre la que giró buena parte de la audiencia de ayer: el testimonio de René Arellano, alias “Cochinillo”, y su esposa Cristina Chauque. La defensa y el fiscal Javier de Luca desplomaron técnicamente cada una de las que llaman “las ocho mentiras de Arellano” y describieron cómo a pesar de las contradicciones, el TOF decidió salvarlas a toda costa para sostener la condena al hacer uso incluso hasta de una declaración de instrucción que ni siquiera fue cotejada en el juicio. O usar datos parciales de una causa contra Milagro en la que ella ya había sido sobreseída. Pidieron la nulidad del juicio de Jujuy y que se revoque la sentencia. De Luca también adelantó que impulsó un causa por falso testimonio.
En la primera hilera frente a los jueces se sentaron Damián Loretti y Horacio Verbitsky, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). Estuvo Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA. Adriana Taboada, de la Comisión Memoria, Verdad y Justicia de Zona Norte. Aníbal Ibarra, Mara Brawer y Estela Díaz, del Comite por la Libertad de Milagro. Alejandro “Coco” Garfagnini, coordinador nacional de la Tupac. Decenas de integrantes de la organización. Con sus imágenes y las fotos de Milagro. Se oyó el llanto de un niño. Y se supo que Ricardo Gil Lavedra había estado temprano en el primer piso de Comodoro Py, la zona en la que están las oficinas de la Casación. No sabían qué lo había llevado al edificio, pero alguien dijo que la presencia de quien es responsable del estudio de abogados que representa al gobernador Gerardo Morales tal vez tenía más peso que todos los que estaban allí.
También se escuchó en la sala un duelo directo con los tres magistrados de la Sala IV de la Cámara de Casación: Mariano Borisnki, Gustavo Hornos y Juan Carlos Gemignani. Pese a una resolución de prescripción del delito de amenazas ordenado por el TOF de Jujuy antes del juicio oral, estos tres jueces tomaron un argumento de Morales no sólo para revocar la prescripción, sino para ordenar que se la investigue por una figura más grave: amenazas agravadas, a partir de una declaración del mismísimo Arellano en instrucción, de la que el testigo ni siquiera pudo dar cuenta en el debate. Primero se los reprochó De Luca. Luego, Gómez Alcorta. Y al final, Paula Alvarez Carreras, la abogada de López que de paso les recordó el paso de esa sala en lo que significó la impunidad para Carlos Taddeo Blaquier, allá lejos, con otro escrito, una falta de mérito de abril de 2014, cuando por primera vez el empresario había sido procesado por crímenes de lesa humanidad. Esa fue otra estocada. “El fallo demostró la urgencia que tenia la justicia de Jujuy en condenar a las dirigentes sociales y eso quedó evidenciado con la suspensión del debate de los juicios de lesa humanidad, para rápidamente juzgar y condenar a la dirigente –explicó la abogada–. Eso causó un sensación de impunidad en los organismos de derechos humanos, de la misma forma –lanzó– que tuvieron una sensación de impunidad cuando este mismo tribunal dictó la falta de mérito a Blaquier.”
La sala aplaudió. Borinski no dijo nada. Gemignani, mudo hasta entonces, se despachó, pese a que Hornos intentó frenarlo.
–¡Doctora! –la reprendió, a voz pelada, sin hacerse tiempo ni de alcanzar un micrófono y con un obvio guión desplazado–: le recuerdo que no puede leer en la audiencia como indica el artículo 393 del código procesal.
Alvarez Carreras dijo que todos habían leído leyeron. Que por otra parte ella no estaba leyendo el recurso. Y que “tienen ustedes (el recurso) y supongo habrán leído en profundidad”.
Para entonces, De Luca y Gómez Alcorta habían terminado. Una parte central de las intervenciones fue Arellano. Durante el juicio en Jujuy, Arellano dijo que se reunió dos veces en la casa de Milagro con su esposa. Que Milagro lo mandó a hacer el escrache y pegarle una piña a Morales. Que no fue. Y que desde entonces vivió amenazado por Milagro. Que quiso iniciar una causa penal, pero ningún juez le tomó la causa. Que vivió sin trabajo y encerrado y muerto de miedo. También explicó que su ingreso a esta causa fue porque en medio de esa situación se topó de casualidad en la Legislatura de Jujuy con el apoderado de Morales, Luciano Rivas. La defensa de Milagro Sala sostiene, desde el mimso momento del juicio, que este testigo miente. Ayer, Gómez Alcorta enumeró las ocho mentiras y contradicciones.
1. Arellano dice que se topó de casualidad con Luciano Rivas. Pero su esposa dijo en el juicio que lo contactaron a través de Miguel “Chiqui” Alvarez García, hoy embajador argentino en Bolivia. También dijo que ese día buscó ayuda en todos los despachos. Incluso el PJ. Falso. No fue así.
2. Arellano dijo que antes de declarar en la causa apagó el teléfono. Y que no volvió a ver a Rivas. Falso. Tiene una llamada de Rivas a su teléfono a la hora 0.13 de la noche antes de declarar.
3. Dijo que no tenía trabajo. Y que Milagro Sala no le daba más obras. Que hacía changas en el lavadero de su hijo. Falso. Su esposa dijo que trabajaba en el lavadero que era de él y tenía una cooperativa.
4. Después del escrache, Milagro Sala organizó una protesta en la comisaria en la que estaba detenido Salvatiera. Dijo Arellano que no quería ir. Y que Milagro lo amenazó. Sin embargo, también dijo que esa noche Milagro lo mandó a hablar con Alvarez García. Esto habla de un rol destacado en la organización para una persona que supuestamente estaba amenazada o desplazada.
5. Dijo que no recibió más llamados antes de la declaración, pero además del llamado de Rivas, esa misma noche se comunicó con Alvarez García.
6. Dijo que intentó denunciar a Milagro por amenazas y que la causa no se la quisieron tomar. Falso. Hizo la denuncia y entregó un chip de teléfono en el que la justicia no encontró nunca rastros de las amenazas. En la causa sobreseyeron a Milagro.
7. Dijo que estaba muerto de miedo y amenazado, sin embargo la Policía que lo custodiaba desistió de su custodia porque estaba las 24 horas con una intensa vida social, era una persona sumamente violenta, que organizaba peleas, portaba armas y consumía drogas.
8. Por último dijo que no tenía trabajo. Y que nunca trabajó para el Estado. Falso. Durante el juicio, la defensa probó que por lo menos hasta ese diciembre de 2016 era empleado del gobierno de Morales.
“Mintió”, dijo Gómez Alcorta. “¿Pero cómo lo salvó el Tribunal? Diciendo que su palabra tenía valor con otras pruebas glosadas en la causa”. Arellano, agregó, es “un testigo preparado”. “Lo que es flagrante es la parcialidad del Tribunal para valorar la prueba de cargo contra Milagro Sala y es también una grave violación a las garantías procesales”. El TOF no sólo dio por válido lo que Arellano dijo en el juicio, sino que como eso no le alcanzaba para imputar a Milagro por la instigación, acudió a su declaración testimonial en instrucción, una declaración sobre la que el testigo no fue preguntado en la audiencia y sobre la que, por lo tanto, las defensas no pudieron repreguntar. “La cuestión no es inocua -dijo sobre este punto De Luca– porque fueron esos dichos escritos los que tuvo en cuenta Casación para avizorar la posible calificación más gravosa y porque el escrito se contradice con lo que dijeron en el juicio oral”. Pero la sentencia no tomó solo esos pedazos de fragmentos para sustentar al único testigo. También dio por válido y tomó partes de la denuncia de Arellano contra Milagro de aquella causa por amenazas en la que ella fue sobreseída. Denuncia que Gómez Alcorta buscó y aportó durante el juicio para derribar la credibilidad del inventor. “El Tribunal toma en cuenta lo que le sirve, pero no la resolución de la investigación que fue el sobreseimiento”, dijo. No había ya otra prueba de cargo.
Un paso bizarro fue la defensa de Morales. No estuvo el apoderado del estudio Gil Lavedra, Federico Wagner, autor de los mails que buscaron plantar testigos al Grupo de Trabajo de ONU. Estuvo en cambio Eduardo Vergara. Pidió la resurrección de la figura de “amenazas coactivas”. Dijo que en 2009 la Red tenía un enorme poder de la que se llegó a decir que era un Estado paralelo. Pero las carcajadas estallaron en la sala cuando se refirió al Consejo Profesional. La discusión era si el lugar es un espacio de uso público o no. Si no lo es, la causa por daño estaría prescrita. La defensa de Milagro dice que no lo es. Vergara dijo todo lo contrario. Y lo comparó con una plaza inaugurada este año en la provincia de Jujuy, abierta el 24 de marzo, con el nombre de Julio César Strassera. “La gente no va a la plaza Strassera, sin embargo la posibilidad de que lo haga existe”, explicó. “¡Hacían tres o cuatro conferencias por año!”, le retrucó Gómez Alcorta más tarde sobre el Consejo Profesional. “Y el ejemplo que puso el abogado es un poco burdo porque esa plaza es para uso y goce de toda la gente, incluso para los que reclaman por la libertad de Milagro, pero resulta que a esa gente se la llevaron detenida.”
Otro punto de Vergara también fue Arellano. Pero la defensa le salió un poco mal. “No sabe leer, no sabe escribir, no puede imputársele que mintió, si bien no vamos a decir que es tonto pero tampoco es una persona que pueda diferenciar entre un acto si es procedente o no, eso lo sabemos nosotros”.
–¡Anda!, dijo la sala.
Una mujer murmuró que todo era para que los jueces no lo llamen a declarar y noten lo falso del testimonio. A su turno, Gómez Alcorta le retrucó: “No es tonto ni mucho menos –dijo–. No lee ni escribe, pero mentir sabe muy bien”.
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