Acta de Advertencia contra un periodista de ELMUNDO
Los kamikazes de la libertad
Por Gina Montaner
Todas las semanas el periodista Iván García publica en este espacio virtual sus magníficas crónicas habaneras. Si se tratara de un país libre, sus artículos se situarían dentro de la línea habitual que se espera del cronista independiente y dueño de sus opiniones. Pero resulta ser que Iván escribe en caída libre desde el acantilado de una isla que en verdad es una cárcel.
No me extraña que los segurosos de la Seguridad del Estado lo hayan convocado a un interrogatorio con un acta de advertencia a modo de amenaza no tan velada para recordarle a este incómodo aguafiestas que la calle es de la dinastía castrista.
Atreverse con el papel de los militares al servicio de Raúl Castro es una insolencia, vinieron a decirle los policías a Iván un día de garúa vallejiana. Es, de nuevo, una escena de La vida de los otros, ese gran filme alemán que ilustra hasta el dolor la intimidación que las dictaduras totalitarias ejercen contra sus ciudadanos.
Me pregunto si a este bloguero respondón le colocaron un cojín en el asiento para preservar el olor de su sudor, que es el recuerdo imborrable del miedo frente al verdugo. Cuando se abran los archivos y los informes de lo que fue la Habana amordazada, conoceremos las particularidades de este episodio de la historia universal de la infamia.
Iván García, digno hijo de la periodista y disidente Tania Quintero, relata en su último escrito el encuentro con sus interrogadores en un escenario que evoca a El Proceso de Kafka. O tal vez es una pieza del absurdo que ni Samuel Beckett en su pesadilla más enrevesada habría soñado.
Los policías insisten en la dignidad ultrajada de las fuerzas armadas; en el atrevimiento del periodista a la hora de detallar la excarcelación de los presos políticos de la Primavera Negra de 2003. Pero Iván, obedeciendo el desorden de un guión Dadá, invoca su derecho a opinar libremente ante los rostros pasmados y sin imaginación de sus inquisidores. En un día de lluvia pertinaz le vienen a decir (sin decírselo abiertamente y del todo) que podría morir por creerse un hombre libre. Por esta vez, pasa, le advierten los funcionarios de la represión blandiendo un ridículo acta de advertencia.
Cuando la vida está en otra parte y no en una isla que es la metáfora de un campo de concentración que flota a la deriva en el mar, el periodista de raza se transforma en guerrillero urbano y su ordenador es un misil armado de verdades que son esquirlas. Así imagino los días de Iván García bajo el sol inclemente de la ciudad o resguardándose del aguacero de una existencia confinada. En busca de la denuncia inapelable.
El gladiolo que no marchita. La voz indómita de Reina Tamayo reivindicando la memoria de su hijo Orlando Zapata frente a las turbias de repudio en Banes. O la hiriente luz que arroja Yoani Sánchez desde su blog.
A Iván García lo interrogaron un día de lluvia en La Habana. Cuando salió de la comisaría no perdió tiempo en enviar su crónica. Por las calles deambulan los kamikazes y los milicos ni se enteran.